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martes, 16 de noviembre de 2010

Cobertura Paul McCartney - Estadio River (11-11-10)

Magical mistery Paul

Paul McCartney regresó a la Argentina luego de diecisiete años y brindo dos conciertos memorables. El Bondi estuvo el jueves en la cancha de River y te cuenta todo lo que pasó.

Como esos sueños que uno anhela y parece que nunca van a llegar pero finalmente se hacen realidad, así se vivieron los dos conciertos que ofreció Paul McCartney su segunda visita al país. Luego de su primera presentación el miércoles por la noche, el fervor por el ex beatle no decayó en ningún momento y más de cuarenta mil personas se juntaron nuevamente el jueves en la cancha de River para ver al mito viviente que representa este señor inglés, considerado uno de los compositores más importantes de la historia.


Pasadas las siete y media de la tarde, subió a escena el ex cantante de Los Piojos, Andrés Ciro Martinez, junto a los guitarristas de su nueva banda, Los Persas, para interpretar un par de temas en formato acústico. Ante un público que lo respetó pero que no se interesó demasiado en el set, Ciro entonó algunos clásicos de su ex grupo como “Al Atardecer”, “Amor de perros” y “Tan solo”, además de “Insisto” y “Noche de hoy”, pertenecientes a su etapa actual solista. En media hora, el cantante cumplió un nuevo sueño como aquella vez de 2006 que, junto a Los Piojos, teloneó a los Rolling Stones.
Pasado el crédito local, ahora sí ya estaba todo listo para el show de Paul McCartney, que se hizo presente a las nueve y cuarto de la noche y luego del correspondiente saludo arrancó el show quemando naves con “Magical Mistery Tour”. Ahí nomás, pegadita, sonó “Jet” y otra gema beatle, “All my loving”, que sirvió para preguntarse nuevamente cómo hace para cantar así de afinado mientras realiza ese histórico walking en el bajo. Como no podía ser de otra manera, Sir Paul alternó temas de sus distintas etapas e intercaló potencia (“Drive my car”, “Live and let die”) con tiernas baladas como “The long and winding road” y “My love” entre otras.
También hubo espacio para los homenajes comenzando por “Purple Haze” de Hendrix sobre el final de “Let me roll it”, seguido por “Give peace a chance” de John Lennon enganchada a “A day in the life” y el recuerdo de George Harrison en la excelente versión de “Something” con ukelele incluido. Y la nostalgia fue uno de los principales motivos por los cuales gente de distintas edades se acercaron a River para emocionarse hasta las lagrimas con himnos como “Eleonor Rigby”, la abolerada “And I love her” y las acústicas “Blackbird” y “Yesterday”.
Con un buen sonido (a veces condicionado por el intenso viento) y un gran juego de luces, la banda integrada por Rusty Anderson y Brian Ray en guitarras, Paul Wickens en teclados y el carismático Abraham Laboriel Jr. en batería fue el soporte ideal para que Macca sienta sus espaldas bien cubiertas e interactúe con el público en un español guionado que le sirve para meterse a todos en el bolsillo (como si hiciera falta) con frases como “ustedes son buena onda” o “estamos muy contentos de estar nuevamente acá”.
Y como toda gran fiesta merece un final a toda orquesta, Paul se encargó que esto sea así regalando ocho temas seguidos de Los Beatles entre los que se encontraron “Hey Jude” (y el “nananaranana” coreado por absolutamente todos los presentes), el riff mortal de “Day Tripper”, el proto heavy metal “Helter Skelter” y la versión reprise de “Sgt. Pepper” junto a los temas finales del disco Abbey Road.


A sus 68 años, Paul McCartney volvió a la Argentina para brindar un concierto antológico, de esos que uno nunca quiere que terminen y que son una caricia al alma. Con canciones de su etapa solista y los infaltables clásicos de Los Beatles, el bajista inglés repasó durante casi tres horas buena parte de su carrera dejando a los presentes con la sensación de haber sido parte por un momento de un pedazo grande de la historia de la música.

Christian Alliana para www.elbondi.com
Fotografo: Beto Landoni

miércoles, 28 de mayo de 2008

Soda Stereo - Estadio River Plate (20-10-07)

Sobredosis de emoción

Soda Stereo comenzó en Buenos Aires su gira de regreso. Fue una noche cargada de intensidad que hoy podés revivir gracias a El Bondi.

El sábado fue un día primaveral en la ciudad y el calorcito se hizo sentir sobre las miles de personas que poco a poco fueron poblando el barrio de Nuñez. Pero el clima poco les importó a los que se acercaron al estadio de River ya que todos se morían por ver nuevamente en vivo a una de las bandas más grandes del rock latinoamericano.

El arsenal publicitario que giró en torno a esta vuelta fue uno de los más importantes de los últimos tiempos y, fue tal su magnitud, que por momentos hizo perder de vista el verdadero acontecimiento: el artístico. Por eso, únicamente la banda podía opacar tanto marketing alrededor suyo y demostrar que la calidad también podía decir presente a pesar de las numerosas marcas patrocinantes. Y así fue, ya que los Soda cumplieron con creces.

Cerca de las nueve de la noche se apagaron las luces del estadio y el griterío de la gente fue atronador. Viejas imágenes de conciertos se proyectaron mientras, a manera de introducción, la voz en off de Gustavo Cerati cantaba sobre el regreso. Pero el verdadero premio llegó cuando dos minutos después comenzaron a sonar los acordes de “Juegos de Seducción” y el punteo inicial fue ultra coreado.

El segundo tema fue “Tele-ka” y fans de la primera hora comenzaron sentir la emoción a flor de piel. Para colmo, el tándem “Imágenes retro” y “Texturas” dejó bien en claro que todos iban a tener su momento de disfrute: los adolescentes que se acercaron para estar a la moda y los veteranos que vivieron parte de su vida escuchando a este grupo.

Con un sonido realmente admirable, el show siguió su curso con momentos bien altos (“En la ciudad de la furia”, “Picnic en el 4to B” y “Sobredosis de TV”) y otros en los que la gente aprovechaba para tomarse un respiro y admirar la profesionalidad de los músicos. Por eso “Final caja negra” y “Danza rota” pasaron casi desapercibidos pero sin desentonar.

“Hombre al agua” fue uno de los mejores temas de la noche en el que Zeta Bossio entregó su mejor feeling y fue acompañado por las palmas de la gente. Sin embargo, en “Zoom” quiso demostrar su capacidad con la armónica y el juego no salió del todo bien. Acto seguido, los golpes de bombo de Charly Alberti iniciaron una muy bonita versión de “Cuando pase el temblor” y el reggae incaico fue derivando poco a poco en algo un tanto más electrónico. Haciéndose cargo de esto, Cerati dijo “Despiértame cuando pase el reggaeton”.

Lamentablemente, “Signos” no logró estar a la altura de las circunstancias ya que, por única vez en la noche, el sonido no fue el adecuado y el volumen bajo entorpeció ese momento tan íntimo que solía generarse en esa canción. Los últimos temas fueron una catarata de sensaciones mezcladas que incluyeron lo más rockero del trío (“Sueles dejarme solo”), el costado más sutil (“Un millón de años luz”) y lo más popular y conocido como “De música ligera”.

Sin embargo, hubo lugar para un poco más con “Cae el sol” en el que se colaron arreglos de “Here comes the sun” de los Beatles, una poderosa versión de “Prófugos” y una festejada “Nada personal”. Pero el broche de oro llegó con “Vitaminas” que estaba fuera de la lista y que fue bailada y cantada por todos.

Conclusiones sobre la vuelta de Soda Stereo:

-El trío sonó perfecto y el paso de los años pareció no haber desgastado su calidad musical.

-Gustavo Cerati está en un momento artístico muy alto y se revalida día a día como uno de los mejores guitarristas del país.

-Tweety Gonzalez (teclados), Leo García (guitarra) y Leandro Fresco (teclados y programaciones) se destacaron en su labor como invitados.

-La puesta en escena fue de primer nivel y ayudó a que la banda sobresaliera aún más.

-El regreso pudo haber sido por la plata pero nadie puede negar que a la hora de pelar en escena, la banda no defrauda a nadie y musicalmente hablando la vuelta está lejos de ser un robo.

Christian Alliana para www.elbondi.com Fotos: Gentileza Prensa Soda Stereo
Damián Benetucci y Germán Saez

martes, 27 de mayo de 2008

Bersuit - Estadio River Plate (12-05-07)

Bersuit... y punto

La banda de los pijamas repasó sus casi 20 años de historia en un show que hizo delirar a River por tres horas.

Meses y meses se discutió la llegada de Bersuit Vergarabat al Estadio de River Plate. Miles de voces opinando acerca del poder de convocatoria de la banda y poniendo en duda que pudieran llenar esa cancha. Como dijo el periodista José Bellas, en la contratapa del Sí!, el último viernes, “pareciera que el rock también se mide como el rating”.

Igualmente, por las dudas, durante todo este tiempo se desplegó un arsenal publicitario para acompañar este gran debut. Libros, entrevistas, anuncios radiales y hasta un carísimo box set sirvieron de sostén para esta campaña.

Lo cierto es que llegó el 12 de mayo y River estuvo lleno. Estuvieron todos, chicos y grandes, nuevos y viejos fans. Y para estar en armonía con estos últimos, Bersuit arrancó su show con un popurrí de temas de la primera época como “La logia”, “Vamos no llegamos”, “Una papita”, “Los elefantitos”, “Como nada puedo hacer” y “20 millones”. En las pantallas se veían imágenes bersuiteras de principios de los `90 cuando seguramente no soñaban con este presente y sus recitales eran performances bastante caóticas.

El arranque fue novedoso, pero debido a varios problemas de sonido, no logró contagiar esa energía característica de la banda. El sonido de las voces iba y venía y la gente no sabía si saltar o escuchar atentamente. Fue un comienzo bastante incierto que se extendió por alrededor de diez minutos.

Al término del popurrí, los músicos se retiraron y las imágenes del riachuelo y su putrefacción se apoderaron de River. El sonido del bandoneón introdujo nuevamente a los integrantes de la banda. Salvo Gustavo Cordera, en un impecable traje tanguero, el resto regresó con una pilcha murguera ideal para dar rienda suelta a “De ahí soy yo” y una innumerable descripción de “cosas de mierda”.

Antes del tercer tema, llegó el saludo de Cordera: “Cómo creció la familia bersuitera, que polvo más lindo”. Para luego sí dar comienzo a esa historia media psicodélica entre un astronauta y una bruja representada en “Desconexión sideral”. Siguiendo con las historias, uni de los puntos más altos del show se dio en “Negra murguera”, canción que nunca fue hit pero que indudablemente está muy metida entre la gente.

El primer segmento cerró con una emotiva “Murguita del sur” con el público coreando toda la primer estrofa y el clásico juego de palmas acompañado por el grito de “Bersuit”.

La banda desapareció de escena y la Negra Vernaci, luego de dar algunos consejos, comenzó a nombrar irónicamente a las empresas que patrocinan a la banda. Es que, tanta militancia por la ecología, sobre todo de parte de Cordera, tenía que tener su lugar en un acontecimiento así. Por eso, una a una, se enunciaron a numerosas compañías que atentan contra la naturaleza en diferentes lugares del país mientras la comparsa de Gualeguaychú subía al escenario para mostrar una bandera con la inscripción: “No a las papeleras”.

Un mini segmento que rondó lo demagógico y dio paso a “Madre hay una sola” o bien, la versión verde del “Creep” de Radiohead. Los recuerdos de Avellaneda y el Docke aparecieron con “En la ribera” para luego juntarse con la pasión futbolera de “El baile de la gambeta”.

Los sonidos tropicales y cumbieros llegaron con “Venganza de los muertos pobres” y la cachaca con “El viejo de arriba”, mientras que el costado romántico abrió con “Sencillamente”, con la voz invitada de Vicentico, quien no desentonó pero tampoco aportó nada nuevo al tema. Uno de los coristas, Dany Suarez, se hizo cargo del micrófono y de la acústica para una hermosa versión de “Esperando el impacto”.

En la inmensidad de River, es difícil la cercanía con el público. Pero una pasarela puede ser una buena manera de acercarse a la gente y Bersuit lo entendió así. Por eso, una parte de la banda se trasladó casi hasta el centro del campo para comenzar el mini segmento acústico con “Al olor del hogar”. Charly Bianco, primer guitarrista de la banda, dio una mano con su acústica.

El momento más meloso llegó con “Mi caramelo” donde Pepe Céspedes dio muestras de ser un gran músico. Con “Un pacto” las chicas pudieron aprovechar para subir a los hombros de sus amados y por qué no, de algún extraño.

De ahí en más, todo fue para arriba. Ante la proximidad de las elecciones para Jefe de Gobierno de la ciudad, Albertito Verenzuela cantó “Porteño de ley”, tema en el que varios candidatos podrían hacerse eco de esa letra. El final de “Tuyu” tuvo al otro guitarrista, Oscar Righi, haciendo un solo muy a lo Angus Young.

“Yo tomo”, “La argentinidad al palo” (con Lito Vitale en piano) y “La bolsa” fueron cantadas por absolutamente todo el estadio.

Los plomos también tuvieron su lugar, tocando el bajo y la batería en “Sr Cobranza” y “Se viene”, lo cual le permitió al baterista Carlitos Martín sumarse a la voz y recorrer el escenario de punta a punta.

“Copamos River”, dijo Cordera antes de pelar, literalmente, el culo en CSM secundado por Dany y el Cóndor. Y siguiendo con las escenas eróticas-sexuales-depravadas, un ejército de tetas asaltó el escenario en “Hociquito de ratón”. Las chicas del público se mostraban realmente muy contentas de estar ahí y sin ningún pudor ofrecieron sus pechos al cantante.

Luego de casi tres horas de show, el final fue inevitable y por eso la adrenalina bajó un poco. “¿Qué pasó?” y “El viento trae una copla” cerraron el capítulo de la banda del pelado Cordera en el Monumental. Los autodenominados “psicópatas itinerantes” tuvieron su fiesta y entraron al selecto grupo de los que alguna vez tocaron en esa cancha.

Bersuit Vergarabat se dio el gusto de llenar el Estadio de River y dar por terminada una etapa de la banda. El show fue prolijo, a pesar de un comienzo un tanto fallido, y contó con un gran despliegue de luces y cámaras que seguramente registraron todo para un futuro DVD.

Christian Alliana para www.elbondi.com
Fotógrafo: Beto Landoni

Festival Quilmes Rock Día 3 - Estadio River Plate (15-04-07)

Un Ritual Intoxicado

En la tercera jornada del Quilmes Rock, brilló la presentación de Intoxicados. Sin embargo, el plato principal del día fueron Los Piojos quienes también se vieron secundados por Kapanga, El Tri y Ojos de Brujo.

La tarde del sábado aparecía gris, con nubes poblando el cielo y la lluvia comenzaba a caer sobre el estadio de River. Cuando las gotas se empezaban a poner un poco más densas, Kapanga subió al escenario para abrir la tercera jornada del festival. El tandem inicial fue con “Rock”, “Desesperado” y “El Universal”. Inmediatamente llegó el saludo del Mono y su felicidad por tocar de tarde para “poder verles las caras a todos”. La versión heavy de “Kapanga” sirvió para dividir el primer segmento y luego de buscar “En el camino” llegó el “Bisabuelo”, con su tarantela rockera.

El humor del Mono, una constante de cada festival, se hizo carne cuando subido a una mini bicicleta dio vueltas por todo el escenario cantando “Desearía”. A su vez, afirmó su costado solidario al portar una remera de la cooperativa del Hotel BAUEN y apoyar la lucha de otras empresas recuperadas por los trabajadores como SUIN.

El tramo fumón del show llegó con “Fumar” y la presencia de un porro gigante en escena y continúo en “Casi”, con Mike haciéndose cargo de la voz. Sin dudas, los de Quilmes son una gran banda a la hora de hacer reggae.

Esta vez no hubo covers irónicos de bandas pop. En su reemplazo, llegó un “top five poguero” con extractos de “Cielito Lindo” (Divididos), “Y lo que quiero es que pises sin el suelo” (Catupecu), “El final es donde partí” (La Renga), “El ojo blindado” (Sumo) y por supuesto el redondo “Jijiji”. Con el fin de sentirse en la cima, la banda se despachó con “La taberna” y el público hizo todo lo posible para hacerse sentir desatando un pogo desenfrenado. “El mono relojero” marcaría el final del set de Kapanga que, fiel a su costumbre, desató una fiesta y se ganó los aplausos de propios y ajenos.

A continuación, la legendaria banda mexicana El Tri subió y comenzó con la balada “El muro de la vergüenza”. Pegada, sonó “Perro negro” y a partir de ahí el show aparte del mítico Alex Lora tomó cuerpo y forma. Mediante arengas llegó la balada rockera (“Pobre soñador”), que fue dedicada por el cantante a “las chicas rocanroleras presentes”.

El rock and roll puro apareció en “Chavo de onda”, tema en el que los músicos tuvieron su momento para despacharse con respectivos solos de guitarra, bajo y armónica. El recuerdo de la tragedia de Cromañón se hizo presente con ese blues de gran letra que es “Víctimas inocentes”. Un nada demagógico homenaje por parte de los mexicanos.

Para el final: “Triste canción de amor”. El tema más esperado, que fuera inmortalizado en estas tierras por la gente de La Renga, sirvió de puente especial. Si bien la versión de los mexicanos es distinta a la que grabaron los de Mataderos, el tema no perdió la emoción y fue cantada por casi todo el estadio.

Salva de La Covacha sumó su voz en “Cuando tu no estás”, que fue dedicada a Pappo y sirvió para cerrar el set de El Tri. Casi 40 años de experiencia alcanzaron para guardarse a la gente en el bolsillo y brindar un buen show.

La tercera banda de la noche fue Ojos de Brujo ¿Qué se puede decir de los españoles? No mucho, ya que la intolerancia de la mayoría del público no permitió en ningún momento poder apreciar correctamente el show. La mezcla de rock y flamenco con algunos toques árabes fue recibida de manera pésima por gran parte de los presentes que solo se dedicaron a chiflar, insultar y arrojar objetos hacia el escenario. Temas como “Seguidilla”, “Piedras vs. Tanques” o “Cale Barí” pasaron desapercibidos y sólo recogieron el aplauso de algunos que se animaron a apostar a favor de la diversidad.

Si bien es cierto que la elección de colocar a los españoles en un horario bastante central fue desubicada ya que su música no tenía mucho que ver con las otras bandas, hubiese sido bueno que el público respetase el arte que ofreció la banda. Una vez más, el desprecio por los que hacen algo distinto se hizo presente y recordó a épocas retrógradas del mundo rockero argento.

“Grandes valores del rock presenta a Intoxicados”, podía leerse en el escenario. El sufrido turno de Ojos de Brujo había quedado atrás. Y ahora se presagiaba otra locura, esta vez, a manos de la banda de Pity. Y así fue cuando apareció en escena Daddy Brieva con una peluca rubia emulando a Silvio Soldán y uno a uno fue presentando a los músicos. Vestidos de impecables trajes tangueros, los Intoxicados aparecieron ante la mirada de sus familiares, quienes sentados al costado del escenario en cómodas sillas, iban comiendo los distintos postres que les entregaban los mozos. El “Fuego” iluminó el tablado con algunos problemas de sonido. Algo que continuaría en la calamaresca “No tengo ganas”, que contó con un interesante medley tanguero.

Para “La Simpática Demonia” se hicieron presentes los vientos y el teclado de Burbujas. Una grata sorpresa se dio cuando nuevamente ingresó Daddy y presentó al Negro García López, ex guitarrista de Charly García. Todo su virtuosismo quedó demostrado en “Las cosas que no se tocan” y la historia lésbica de “Dos nenas”.

El primer segmento cerraría con Pity recordando su confuso episodio del año pasado (“Me robé un remis y me fui a buscar una guitarra a Entre Rios, y no lo entendieron. Eso es arte”), antes de dar comienzo justamente a “De la guitarra”.

Felipe Barroso quedaría sólo con su viola para tocar una exquisita versión de “Un beso y una flor” de Nino Bravo a la cual se le sumaría Daddy cantando algunas estrofas. Luego de esto, se produjo un cambio de vestuario y todos regresaron vestidos de blanco para despacharse con una sección semi dance que incluyó dos hits de Viejas Locas (“Lo artesanal” y “Perra”). Allí se pudo apreciar muy bien la labor de ese gran bajista que es Jorge Rossi y el buen acompañamiento de Abel Meyer en batería junto a la gran presencia de los vientos.

“Descansar en paz” e “Intoxicado” empezaron a marcar el final, que llegó de la mano de “Religión” y “Quieren rock?” con el Negro García López otra vez en el escenario.

Lo más destacable de Intoxicados fue que se animaron a hacer un show aparte dentro de su show, jugándose a salir de la monotonía en la cual muchas veces caen los festivales de este tipo. Una actitud muy saludable e inesperada que ojalá sea repetida.

Luego de la banda de Villa Lugano, llegó el turno de los más convocantes de la noche: Los Piojos. El comienzo lo tuvo a Ciro al frente de la pasarela que unía el escenario con el medio del campo arrancando los primeros acordes de “Te Diría”. Las banderas comenzaron a agitarse y en “Pistolas” el pogo fue contundente.

“Todo pasa” y “Amor de Perros” fueron a una votación popular, certificada por un divertido Micky Rodríguez, y la historia de Dolores fue la ganadora obteniendo el primer premio para la categoría “Tema de amor de la noche”. A partir de allí, la lista siguió sin demasiadas sorpresas alternando temas viejos (“Los Mocosos”) con clásicos (“Maradó”). “Dientes de cordero” fue dedicada por Ciro “a todos los docentes y al maestro Fuentealba”, mientras las imágenes de diciembre de 2001 ganaban las pantallas del estadio.

En esta oportunidad, la banda aprovechó para presentar un tema (“Difícil”) que se incluirá en su próximo disco y que trata sobre un sufrimiento amoroso. Una canción tranquila con un estribillo power y un buen laburo en las guitarras de Tavo Kupinski y Piti Fernandez. Antes del siguiente tema, subió un invitado muy especial que, según el cantante piojoso, estaba olvidado en el baño de River desde febrero del año pasado. Se trataba nada más ni nada menos que de Keith Richards, pero en versión muñeco. Luego de improvisar el tema por un rato mientras se cambiaba el bombo de la batería de Roger Cardero, que se había roto, la banda a pleno arrancó al fin con una versión demoledora de Babilonia. Con “Muevelo” y “El Farolito” los cuerpos se movieron con sones de murga para que luego sonara el “Himno Nacional” en armónica.

“El Balneario de los doctores Crotos” marcaría el final y con los acordes de “Arco II” llegaría la lectura de las numerosas banderas que se habían acercado hasta el estadio de River. Así culminaban un show prolijo pero sin grandes novedades y dejando la promesa de un nuevo disco para el mes de junio.

La tercera jornada del Quilmes Rock tuvo su gran momento en el show de Intoxicados y en la presencia firme de Los Piojos. La extensa jornada llegó a su fin sin inconvenientes aunque la organización presentó varias falencias como el inexistente cacheo en la entrada a campo, la inocencia de abrir las puertas una hora antes del primer show y el incómodo trabajo de los fotógrafos que debían permanecer recluidos en una habitación sin posibilidad de recorrer las instalaciones. Puntos a tener en cuenta para mejorar en la próxima edición.

Christian Alliana para www.elbondi.com
Fotógrafo: Beto Landoni

jueves, 22 de mayo de 2008

Roger Waters - Estadio River Plate (17-03-07)

TRANCE LUNAR

El sábado el Monumental fue testigo de un acontecimiento histórico. El show de Roger Waters fue algo más que un concierto de rock. Tratando todavía de salir de la hipnosis general, El Bondi te acerca la cobertura de la primera de las dos fechas.

¿Puede un viejo de 63 años estremecer a miles de personas? ¿Puede la música transportarte a un viaje a través de la mente? Sí. Sí puede, aunque no todos tienen ese poder. Sólo Pink Floyd (o sus canciones) pueden lograr que más de 50.000 personas queden atónitas por más de dos horas. El sábado 17 de marzo de 2007 quedará grabado en la memoria de todos los presentes en el estadio de River Plate.

Antes de comenzar el show, desde la pantalla principal se podía observar una botella de whisky y una vieja radio. Así, inmóvil, estuvo la imagen por largos minutos hasta que apareció una mano que prendió la radio y comenzó a sintonizar la música que se reproducía por los parlantes del estadio. Sonaron clásicos de rock como “Johnny Be Good” de Chuck Berry, que sirvieron para calentar un poco a la gente.

Cuando las luces se apagaron, todo fue adrenalina. Algo histórico estaba por comenzar y todos lo sabían. “In the flesh” fue el primer tema como en ese disco de 1979 llamado The Wall. Los aplausos del público daban la bienvenida a un Roger Waters que lucía de impecable traje negro y el mismo pelo de siempre aunque, claro está, con más canas que antes.

Luego de un comienzo bien eléctrico, “Mother” fue la siguiente y Roger tomó su acústica para entonar esa bella canción que reproduce las preguntas existenciales que le hace un hijo a su madre.

¿Alguien recuerda a los primeros Floyd? Bueno, por si la memoria fallaba, en “Set the control for the Heart of the Sun” las fotos de la banda a fines de los `60s sirvieron de ayuda memoria. Mucha psicodelia mezclada con sonidos árabes y la importante presencia del órgano y la flauta. Imposible no recordar ese mítico concierto en las ruinas de Pompeya.

El año pasado falleció el fundador de la banda, Syd Barret, y su amigo no quiso dejar pasar esta oportunidad para rendirle un merecido homenaje. Para esto, sonó “Shine on you crazy diamond” con filosos punteos de guitarra y cambio de ritmo incluidos. En la pantalla se mezclaban imágenes de Syd y del Universo.

En “Have a cigar” se hizo sentir por primera vez en el show, el famoso sonido cuadrafónico del que tanto se habló. Ahora sí, la música floydiana encerraba a todos los presentes por los cuatro costados de la cancha.

Luego de este tema, volvió a aparecer en la pantalla la radio y la mano de un tipo. Nuevamente el dial fue movido y así comenzó a sonar “Wish you were here”. Las luces de los celulares se prendieron y, aunque Roger hizo lo que pudo, quedó en evidencia que ya no puede cantar este tema como tiempo atrás. ¿Pero quién se puede oponer a escuchar ese hermoso clásico?

A continuación sonaron cuatro temas antibélicos. Una obsesión que tiene Waters y que no es nada nuevo. Algo que quedó demostrado en “Southampton Dock”, “The Fletcher Memorial home” y “Perfect sense”. A estas se le sumó una historia basada en un viaje que hizo el bajista a Medio Oriente en su juventud (“Leaving Beirut”). Por las pantallas se podía seguir la letra y la historia aparecía retratada en viñetas de historieta.

A esta altura el show seguía creciendo en emotividad, creatividad y sonido. Hasta que apareció el cerdo volador de “Animals”. “¡Sí, lo trajo!” fue el comentario de todos. “Sheep” sonaba y el público seguía al cerdo mientras surcaba el cielo de River y llevaba impresos graffitis como “Encierren a Bush antes de que nos mate a todos” o “Nunca más desaparecidos”. Para coronar esto, dos llamaradas gigantes salían de los costados del escenario. Sublime. Final de la primera parte.

Luego de un intervalo de quince minutos llegaría la gran emoción de la noche. La presentación de Dark side of the moon (1973). ¿Qué? ¿Vino a presentar un disco de hace más de treinta años? No, amigos; vino a tocar una obra de arte que trasciende el tiempo. ¿O existe otra manera de denominar a esas diez canciones que elevan el alma y expanden la mente a otra dimensión? Esta parte del show fue eso, todos los temas y en el mismo orden que en el álbum. Pero no se confundan, no fue lo mismo que poner el disco y escucharlo en sus casas. Esto fue otra cosa. Los latidos que abren “Speak to me” se sentían bien adentro, taladrando la cabeza. Las bellísimas “Breathe” y “Us and Them” emocionaban hasta al más duro de los hombres. Los relojes en “Time” sonaban por todo el Monumental como si fueran bombas a punto de detonar.

¿Y qué se puede decir de “Money”? Aunque no la cante Waters y lo haga uno de sus guitarristas, a ese tema no hay con qué darle. Ese riff histórico de bajo, pero ahora en vivo. Sin palabras.
Para el final de este set todavía quedaba una sorpresa. En los últimos tres temas comenzó a bajar del techo del escenario, una pirámide que proyectaba luces con los colores del arco iris. Imposible no pensar en la tapa de “Dark Side...”.

Con “Brain damage” y “Eclipse” llegaba el final del set. Después de eso todo lo que siguiera parecería ser más que un regalo del cielo.

Y parecía que el señorito inglés tenía ganas de regalar un poco más de talento y arrancó la última parte del show con “Another brick in the wall” junto a los chicos del Instituto River Plate haciendo coros. El estadio parecía derrumbarse ante cada estribillo y el clásico “We don´t need no education”.
Ya se sabía que todo estaba terminando y rápidamente pasaron “Is there anybody out there”, la casi a capella “Vera” y “Bring the boys back home”.

El gran final se predecía y Waters lo confirmó al comenzar “Comfortably Numb”. Cantada por el guitarrista Andy Fairweather-Low, el tema sirvió para que nadie se olvide que Pink Floyd está más vivo que nunca y que nada borrará su obra. Emoción es muy poca palabra para describir lo que se vivió en este final. Cerrando los ojos, muchos imaginaron en ese mismo escenario a David Gilmour, Richard Wright y Nick Mason junto a Roger. Algo prácticamente imposible de que pueda ocurrir en esta vida y sobre todo en estas latitudes. Pero dicen que soñar no cuesta nada y eso fue el show de Waters: un gran sueño hecho realidad.

La primer noche del ex bajista de Pink Floyd estuvo a la altura de las circunstancias aún superando la expectativa de algunos. Un memorable concierto que más de 50.000 personas llevarán en su mente el resto de su vida. Un show que será comentado de generación en generación.


El lado oscuro del show

Si algo podía opacar un poco este show, era el invento argento del “Campo Trasero”. Es decir, de la mitad de la cancha para atrás, todos parados, de la mitad para adelante, el famoso VIP. Si querían hacer esto para ganar más plata y dividir un poco más el precio de las entradas, ¿no hubiera sido bueno que también piensen en que el escenario debía estar un poco más alto para que todos observen correctamente? 120 pesos es un precio razonable para que alguien se hubiera dignado en pensar en eso. Salvo que la estatura promedio del público haya sido de 1.80 metros, nadie pudo observar casi nada. Claramente la avivada está en que los que compraron “campo trasero” la próxima se animen y compren su entrada VIP porque de ahí seguro van a ver bien. Un curro más y van…

TXT: Christian Alliana para www.elbondi.com